- SOMOS NATURALEZA
- APUNTES PARA REFLEXIONAR ACERCA DE LA RELACIÓN ENTRE LA CALIDAD DE VIDA, UNA NUEVA ÉTICA Y LA ECOLOGÍA
¿Qué relación tiene la ética con la calidad de vida y más aún, la ética global, la conciencia ecológica y la calidad de vida? Ése es precisamente el objetivo que trataremos de alcanzar a lo largo de este capítulo. Nuestra calidad de vida depende en un primer momento de las condiciones de la naturaleza pues somos parte de ella, somos naturaleza, aunque tanto la tecnología, el estrés cotidiano así como la sofisticación de nuestras costumbres nos hagan olvidarlo la mayor parte del tiempo… hasta que nos enfermamos, hasta que un huracán destruye nuestra comunidad, hasta que nos quedamos sin agua días enteros, hasta que nuestro carro o el pecero se quedan varados en medio de la avenida inundada o se deslava el cerro sobre la casa… Aún ahí culpamos a la naturaleza como un agente exterior, ajeno a nuestra realidad humana. La realidad es que no hay nada “externo” o “ajeno” en la naturaleza con respecto a nosotros, somos parte de ella, su latir es nuestro latir, su vida, la nuestra. SOMOS NATURALEZA desde la consideración de los biorritmos estacionales (fiebre de primavera, depresión estacional) hasta el aire que respiramos: portador de nuestro oxígeno vital y de materia fecal seca, bacterias, virus; desde los rayos solares que necesitamos para sintetizar vitaminas de forma útil a nuestro cuerpo y que nos pueden provocar el desarrollo de células cancerígenas; desde la presión atmosférica de nuestra tierra natal que a toda la familia le favorece menos a uno, hasta los alergenos en el ambiente de un clima húmedo frío o tropical, etc… Es decir, estamos íntimamente ligados a las circunstancias ecológicas en las que habitamos, en las que somos y definimos nuestra identidad como enfermizos, debiluchos, fuertes, resistentes, despiertos o aletargados…del diálogo de nuestro cuerpo con el ambiente saldrán los lentes con los cuales veremos y experimentaremos lo que es la vida, desde lo que va siendo nuestra vida. Ahora bien, retomando la cita del inicio acerca de la ética global de la que habla Hinkelammert, podemos considerar la proporción que existe entre los actos individuales, los de comunidades reducidas y aquellos de las comunidades masivas, como en el contexto urbano actual en el que una acción individual inmediatamente debe pensarse multiplicada por miles para poder eliminar la falsa idea de que entre tantos que somos lo que una persona haga o deje de hacer carece de relevancia. Desde esta nueva y necesaria ética, cada acto individual tiene la repercusión indirecta sobre el contexto global con una potencia miles de veces superior pues sería un error considerarnos individuales o únicos en un mundo globalizado en donde tantos compartimos los hábitos de la vida diaria. Somos comunidad. De esta manera podemos ponderar cómo nuestras acciones, tan pequeñas aparentemente en el vasto mundo, regresan a nosotros magnificadas mejorando o empeorando nuestro contexto, la naturaleza y por lo tanto nuestra calidad de vida, o sea a nosotros mismos. Somos naturaleza creativa, inventora de relaciones entre las diferencias de estados de los elementos que podemos percibir a nuestro alrededor. No es desconocida la multiplicidad de elementos que no percibimos (los rangos del espectro visual o auditivo por ejemplo, que perciben otros animales y nosotros no) así como los cambios de estado de la materia que tampoco percibimos. Somos naturaleza investigadora toda vez que la investigación es un proceso de construcción abstracta de la realidad. Desde este hermoso ser, creamos que nuestras acciones repercuten directamente en la ecología mundial y empezaremos a notar la diferencia … ¿No es acaso esta falta de responsabilidad lo que pone en riesgo acciones mundiales como el protocolo de Kioto siendo esto algo que debería ser inapelable, incuestionable?“La reducción de toda ética a juicios de valor ha dado cancha libre a la destrucción del ser humano y de la naturaleza….supone que la ética es una pura decoración de la vida humana, de la cual también se puede prescindir.
Hemos prescindido de la ética y nos enfrentamos a la autodestrucción. La calculamos bien y la llevamos a cabo con eficacia. Cortamos la rama sobre la cual estamos sentados y estamos orgullosos de la eficiencia con la cual lo hacemos. Esta ética, hoy, parte de algo que las éticas anteriores no consideraron y de lo cual probablemente no podían partir. Se trata de los efectos indirectos de la acción directa. Que hoy la ética tenga que partir de estos efectos es un resultado de la propia globalización del mundo. Al ser ahora la Tierra global, la acción directa produce efectos indirectos de los que se derivan amenazas globales.
Hoy la ética tiene que asumir estos efectos indirectos, de lo que resulta una ética del bien común diferente a las éticas del bien común anteriores.”
Reflexiona: ¿Qué acciones puedes emprender que indirectamente apoyan la armonía ecológica? ¿Qué acciones llevas a cabo actualmente que alteran su equilibrio? ¿Cómo incide este desequilibrio en tu salud física y emocional, en tu bienestar material y en el de los tuyos?